por Karina Ruiz Diaz
Porque los barrios cuentan historias
y preservan nuestras raíces más profundas…
Aún hoy es posible recorrer sus calles disfrutando de la sombra de los plátanos y los empedrados que guardan cientos de historias. Un barrio escondido, un rincón de nostalgia en el que los vecinos aún se conocen, pues hijos y nietos continúan viviendo en este “barrio de veras”.
Niños jugando en las calles, tambores sonando en las esquinas, la clásica fogata de Navidad para quemar “los Judas”, la esencia misma del barrio sigue latente en cada uno de sus moradores, quienes mantienen vivas las tradiciones.

Mucha historia se encuentra resguardada en Jacinto Vera, lugar que permanece inalterado, con sus calles de adoquines, aún cercado por grandes avenidas como Br Artigas, Gral. Flores y Av. Garibaldi
Nombrado en homenaje al Obispo Jacinto Vera, “el obispo de los pobres”, tuvo sus inicios de forma casi casual, allá por 1895, cuando Francisco Piria vendió los lotes a los obreros que habían trabajado en las construcciones de barrio Reus y Villa Muñoz.
De allí que sus primeras viviendas fueran los “ranchos de lata por fuera y por dentro madera”, como el poeta Liber Falco plasmó en su poema a Jacinto Vera. Aún hoy se puede descubrir alguno escondido en medio del barrio, centenario testigo de su origen.
Pero sus memorias se pierden en el tiempo, pues antes de ser barrio, fue protagonista de la historia uruguaya, cuando el 10 de setiembre de 1811, en la Panadería de Vidal, donde hoy se cruzan las calles Lorenzo Fernández y Pedernal, se realizó la primera asamblea de los orientales, entre los que se encontraba Artigas.

En ese encuentro y mientras la ciudad estaba sitiada, decidieron no apoyar la firma del armisticio, declarando que estaban dispuestos a seguir luchando contra los españoles encerrados en la ciudad, así como contra los portugueses, si se concretaba la invasión.
Jacinto Vera respira historia, de patria, de trabajo, de vecindad y resiste el paso del tiempo aferrado a sus raíces.
“Barrio de veras, barrio de veras, Jacinto Vera”.
Ranchos, luna, lonja, boliche, plaza
Roberto Darvin y Yamandú Beovide
Jacinto Vera, Jacinto Vera,
dueña del barrio, dueña del barrio
la luna entera.
Boliche viejo, boliche viejo,
sol agrisado, sol agrisado.
mármol añejo.
Plaza desierta, plaza desierta,
por los canteros, por los canteros
la noche muerta.
Mi vida entera, mi vida entera,
barrio de veras, barrio de veras,
Jacinto Vera.
Mi vida entera, mi vida entera,
barrio de veras, barrio de veras,
Jacinto Vera.
Piedra lustrosa, piedra lustrosa,
la calle brilla, la calle brilla
como baldosa.
Gordo Clemente, gordo Clemente
buseca y vino, buseca y vino
no le hacen frente.
Diario y patrona, diario y patrona
en equilibrio, en equilibrio
mano lo asoma.
Mi vida entera, mi vida entera,
barrio de veras, barrio de veras,
Jacinto Vera.
Mi vida entera, mi vida entera,
barrio de veras, barrio de veras,
Jacinto Vera.
En el alma te llevé los años que anduve afuera.
Barrio de veras, barrio de veras, Jacinto Vera.
Yo era un tierno adolescente y usted, señora, amarme de esa manera.
Barrio de veras, barrio de veras, Jacinto Vera.
La vecina que controla quien pasa por la vereda.
Barrio de veras, barrio de veras, Jacinto Vera.
Aquella no es como era, qué lindo jacinto Vera.
Barrio de veras, barrio de veras, Jacinto Vera.
Si está Canito en el bajo eso lo canta cualquiera.
Barrio de veras, barrio de veras, Jacinto Vera.
Yo te canto con amor, te canto de esta manera.
Barrio de veras, barrio de veras, Jacinto Vera.
Barrio de veras, barrio de veras, Jacinto Vera.
Barrio de veras, barrio de veras, Jacinto Vera.
Barrio de veras, barrio de veras, Jacinto Vera.














Divina nota !! Hermoso mi barrio gracias por revivirlo en mi corazón , nostalgia total ❤️❤️
Grande Karina! Me trajo nostalgia, mis comienzos en la capital, fue ahí… lo sabes. Y aquí en mi viejo barrio ferrocarril Rivera, también me crié viendo quemar el judas. Este año no salió reflotarlo, pero latente el mantener la tradición… aún mantiene su origen en su gente. Abrazo!
Cuando llegamos con mis viejos al barrio en septiembre del ’89, no sabíamos que nos encontrariamos con está tradición que en ese entonces tenia cerca de 100 años. Alli indague un poco y contaban los más viejos que la tradición estaba relacionado a que en el barrio abundaban jardineros, que eran contratados por las familias pudientes de las casas sobre Br. Artigas para sus jardines y que además prolijearan las palmeras, ese follaje de la poda lo requecheaban hasta navidad para armar las piras. De alli quedó la costumbre de vestir por fuera con palmas.
Qué hermoso leer este relato, sirve para recordar cualquier barrio de los lectores, entristece ver cuando los transforman.