“La ropa dejó de tejerse con el primor de las manos”

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por Karina Ruiz Diaz

En este mes de marzo,
el Museo Histórico Cabildo
estará presentando la muestra
“Montevideo:
Moda y Vida Urbana en el Siglo XX”.

Lo curioso, en esta ocasión, es que se está invitando a la población a ser parte activa de la misma, donando prendas que no hayan resistido un par de lavados o hayan perdido su forma. Por esa razón y para conocer más detalles sobre la actividad, aconteceres dialogó con la artista invitada, Valeria Mastrángelo, conservadora de textiles antiguos, creadora de prendas históricas, restauradora.

¿Qué nos puedes contar sobre esta próxima muestra y la convocatoria a donar prendas?

Se trata de una muestra con curaduría de Rosana Carrete (directora del Museo), quien me propone participar como artista invitada.
Con respecto a la convocatoria, desde el Museo Histórico Cabildo estamos invitando a las personas a que nos lleven esas prendas que no han sobrevivido a dos lavados.
¿Pero qué implica que una prenda o un textil no logre resistir un mínimo de tiempo?
Es justamente esta pregunta la que surge al momento de pensar la muestra, aunque no la única, claro está. El museo no está pidiendo simplemente textiles viejos, sino que la propuesta anima a hacer un ejercicio de reflexión y memoria sobre el vestir. Las exposiciones de Carrete siempre diseñan un espacio para la crítica, y por eso no dudé en sumarme a la propuesta.

La muestra plantea un recorrido que vincula el pasado de la indumentaria y sus usos, con las urgencias del presente. Y que se reflejan en la fractura ambiental por una industria que genera millones de residuos contaminantes; que además esconde bajo el consumo indiscriminado diversas formas de explotación humana y donde también se va diluyendo el oficio artesanal que alguna vez generó una identidad textil territorial.
Estos artesanos existen, pero no pueden competir con la demanda del consumo y la industria.

¿Qué se podrá ver entonces en la muestra?

Los visitantes podrán viajar por distintas décadas y mirar qué hemos hecho con nuestra imagen. Que en definitiva también es una imagen pública, sin importar que tan “públicos” seamos. Todos transitamos por nuestra ciudad vestidos. Y la vestimenta dice mucho de nosotros. La exposición reflexiona sobre el pasado de las prendas del acervo del museo, con las del presente y cómo el “progreso” textil puede enfrentarnos a una pérdida del cuidado de lo que nos viste.

La ropa es algo que llevamos directamente sobre nuestra piel. Y cada vez más llevamos ingeniería petroquímica sobre nuestro cuerpo, diseñada para la eficiencia industrial, no para nuestro cuidado. La ropa dejó de tejerse con el primor de las manos. Dejó de ser noble. Por supuesto, hablo a nivel general, pero cada día es más difícil encontrar ese textil 100 % algodón. La mayoría de
los textiles esconde en sus etiquetas números, fórmulas, letras pequeñas que no estamos dispuestos a leer.

Pero no te quiero desanimar, la exposición estará plagada de cosas bellas. De la nobleza de los materiales pasados donde el público podrá, además, ver como esas prendas eran habitadas. La etapa de la convocatoria para llevar esas prendas “innobles”, las que no duran dos lavados, no será para ser exhibidas como son. Serán sometidas a una intervención conceptual. Se busca que los visitantes se enfrenten a la herida de esas prendas.

¿Por qué moda y vida urbana?

La vestimenta es una especie de primera fachada que llevamos. Y esto en la ciudad se magnifica, porque la moda siempre funcionó como un regulador entre la cohesión social y el desacuerdo de los individuos. O sea, una especie de moderador entre lo uniforme y aquello que se distingue.
Pero este impulso de la distinción nos permite variar esa fachada constantemente para sentirnos únicos. Y aquí el mercado encontró un nicho sensible, el de la identidad.
Si pudiéramos hacer una cartografía de las ciudades a través de sus vestidos en cada época, encontraríamos trazos comunes. Y luego pequeños accidentes geográficos, pequeñas desavenencias textiles. Pero con una y otra el fenómeno de la moda rápida, se sirve de este impuso al industrializar la novedad. Entonces ese sentido de identidad se ve afectado por un ciclo de consumo indiscriminado, donde para seguir sintiéndonos únicos, somos “obligados” a adquirir nuevas apariencias.

Sin embargo, la vestimenta es el archivo más íntimo de la humanidad. Guarda parte de nuestra estancia por la vida. Absorbe nuestro rastro orgánico, nuestras esencias. Y es una de las cosas que más me gusta observar y atesorar en mi trabajo como conservadora y restauradora de textiles. Porque ese testimonio químico de las fibras, te pone frente a la realidad de una corporalidad que dejó de existir, pero que sin embargo dejó la huella de su memoria biológica.
Y esto es algo increíble. Escribe y describe otro tipo de biografía. Pero la vestimenta también en uno de los mayores exponentes de las transformaciones tecnológicas, de las jerarquías de poder, y de los cambios morales.

Yo espero que esta exposición sea una invitación a devolver la mirada amable a la ropa. A recuperar el respeto por la materia y el valor de los oficios textiles. A reconquistar el tiempo humano y no el comercial. Y creer que en las fibras que preservamos también somos más amables con nuestro cuerpo.

https://www.instagram.com/donnamastrangel?igsh=NHpia2hsaHc0b29q

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