Entre libros

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por Karina Ruiz Diaz

Pocas cosas se comparan
a la magia de perderse en una librería.

Cientos de mundos reunidos
en un solo lugar.

Tantas historias, tantas posibilidades…







Especialmente en aquellas de libros usados, esos ejemplares que, junto a la historia original, cuentan otras más personales, escondidas en reseñas al margen de la página, párrafos subrayados, dedicatorias.


Esas pequeñas burbujas ubicadas en distintos puntos de la ciudad, donde por un momento la realidad deja de existir, el clima cambia, las sensaciones también y florece la esperanza de encontrar ese libro especial, ese que te llama y promete cosas que tu alma anhela.


Por eso amo los libros usados, porque, como decía Virginia Wolf: “… son libros salvajes, sin hogar, se han unido como aves de plumas abigarradas y poseen un encanto del que carecen los volúmenes domesticados de la biblioteca”.

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2 Comentarios

  1. No hay nada como esas librerías de usados, que lamentablemente quedan sólo en las grandes ciudades, Karina… Lo planteás con claridad…
    Es como que al rumor imaginado que todo libro nos transmite, en el usado se suma el de las lecturas (también imaginadas) que en él se nos anticiparon… Eso agrega, para mí, un “don” a su compra…
    Esas anotaciones, subrayados, los transforman en pequeñas botellas náufragas, arrojadas al rincón más ignoto del mar de las elucubraciones humanas…

    Al revés de lo que en nuestra fantasía adolescente (¡allá en los tiempos!), pasaba con la mujer, esta “pérdida de la virginidad lectora” enaltece al libro usado…

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