De andares, de abrazos y de estrellas…

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por Matías da Costa Pereira (*)

Esa forma de mirarse nunca la vi en mis calles,
esa forma de hablarse, ese sin acento.
Ese mal humor mañanero, ese apuro por llegar.
Esta ciudad centralizadora, me enseñó que soy de afuera.
Esta noche dejé mis prestamos de biblioteca de lado
y miré las estrellas que vienen del norte y del este, del litoral y del centro.
Vi constelaciones.

Nadia floreció este último otoño, cuando camina, mira a los ojos y cuenta hasta ocho, sueña ser bailarina, también psicóloga. Conoció en una esquina la violencia, en un tire y empuje perdió lo que quedaba de la beca, lloró de noche, nadie supo, ni siquiera la indiferencia.

Andrés revendía ticholos, rapaduras, delicias de la frontera, llegaba apenas a fin de mes, pero no a los parciales. Mucho antes de que naciera, sus padres cambiaron algunos años de vida para comprarse un terreno, y por ser hijo de propietarios, le negaron la beca. Varias veces, caminaba hasta la facultad y de paso vendía, de tanto caminar, se perdió en la polvareda, y ya no supo las diferencias entre la necesidad y el sueño. Andrés sigue por sus calles de tierras, coloradas del norte, matando materias.

Lucia adora al sol pero en su cuarto no hay ventanas, le encantan los helechos pero en su cuarto no hay ventanas, anteayer de noche buscó un abrazo que aliviara el cansancio y la distancia, en la última hoja del cuaderno de química orgánica casi nació una hermosa poesía, buscó versos que hablaran de nostalgias y le pidió inspiración a la luna, pero en su cuarto no hay ventanas.

Lorena armó y desarmó su valija más de trece veces, la primera vez fue hace siete años cuando el profesor de neurología mientras buscaba la llave de su auto le dijo que medicina no es para quien trabaja, acá se estudia no se trabaja. Y la última vez fue ahora, ¿y acaso importa el motivo?.

En esta ciudad que confunde, en esta noche nublada, decimos, el cielo está repleto de estrellas.

(*) Del libro “Andares de la vida universitaria”, relatos sobre la vida de los estudiantes universitarios del interior del Uruguay, que emigran hacia la capital para buscar oportunidades de estudios terciarios. Historia de pensiones, exámenes, encomiendas, becas negadas, hogares estudiantiles, residencias, callejones, poesías de distancias y esperanzas.

Ilustraciones de Andrés Rivero Amaral.

 

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