Ataque de pánico

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por Raphael Ficher

Me despierto totalmente.
Sólo me despierto luego del segundo café
que es cómo tazón de petróleo.
Los niños se durmieron,
pero yo no puedo.

Me despierto y no sé quién soy. Pego un salto en la cama y grito.
¿Dónde estoy?
Miro por la ventana y vienen los enmascarados, la televisión vuelve con el mismo tema de la enfermedad y como avalancha, vuelvo al mundo del cual salí a fuerza de pastillas y trago.

Los niños se van a despertar, y como madre, ya no se con qué más entretenerlos.
Y tengo que cocinar y ver que van a comer en el desayuno.
No puedo olvidarme de pagar esta factura y todavía tengo que planificar mis clases. Roberto, el gurí de quinto año, no se conecta a la plataforma y no se que le voy a decir al director.
¡Dios mío! Eso me come por adentro.

 Me preparo el mate, pero no puedo tomar ni dos seguidos. Los niños me reclaman atención. Ya hace tres horas que están en el celular. Tengo que bañarlos y hacer más comida.
Tendría que poner Netflix, por lo menos controlo lo que ellos miran.

Voy a tomar más café. Uno más, uno más fuerte…de noche veo.
Y de noche salto en la cama con esas pesadillas pegajosas que me sudan la espalda y me ponen ese polvo picante en los ojos.
Y ya no puedo dormir más.

Se viene el día y escucho: Mamá, quiero mema- Ya se están despertando.
Trato de que duerman un poco más, pero cuando uno se despierta, el otro lo sigue y ya no se duerme más en esta casa.

Mientras lleno planificaciones, la plataforma se tranca, y el más chico se caga y el almacén cierra. Tengo que darles fideos de nuevo…y ni un quesito para ponerles encima tengo.

Y me viene el ataque al ver la paspadura. ¿Hace cuánto que se hizo caca? Y yo no lo atiendo, y el otro me rayó toda la pared.

Pero el ataque no entiende de eso, no mira el trabajo que tengo que hacer en Crea 2, en Zoom y en Moodle. No le importa a la ansiedad el tema de que me saturen a mensajes en WhatsApp en donde el globito rojo de las notificaciones va aumentando desde esa gotita de sangre que es, a una gota más espesa que pasa de 19, 20, 55, 98, 123, 329, todos mensajes que quieren un pedazo de mí.

Pero viene el ataque y viene con todo.

Me apago, y me apago sabiendo que tengo que despertarme a tomar otro café, que es como la brea. Porque tengo que planificar y cambiar pañales.
También tengo que arreglarme un poco, pasarme una crema en el pelo, en las piernas y tomar más café.

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2 Comentarios

  1. Excelente relato, conmueve, sacude, te muestra que hay un mundo de gente ahí afuera, en el que paradojalmente, están casi todos adentro, lidiando como pueden con esta anormalidad a la que tenemos que negarnos llamar de nueva normalidad. Muy bueno, duro, al hueso. Algo que todos (creo) necesitamos leer, necesario y fuerte como ese denso café.

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