El croata cerrajero

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por Roberto “Beto” Araújo

Su verdadero nombre,

la verdad, nunca lo supe.


Siempre lo conocí como “el croata”,

cuando mucho como el “croata cerrajero”

y nada más.

Lo conocí allá por mediado de los ochenta, en los penumbrosos pasadizos de la Biblioteca Nacional, donde se codeaban en tertulias y rondas interactivas, celebridades de la intelectualidad tales como Cabrelli, Marletti, Maistegui, Ferrer, Abadie, Barrios, entre otros tantos.
Serpico, yo y algún otro gurisote, balconeábamos de lejos y a veces medio que nos entreverábamos.

Entre ellos a veces aparecía el croata cerrajero. Su historia, según concenso general, había arrancado en el año 1925 en una aldea de Kumrovek, ex Yugoslavia, al igual que el Mariscal Tito, del que era amigo, y que con el tiempo se convirtió en hombre de confianza, y además en su guardaespalda y celador.

Según versión personal del croata cerrajero, él mismo había sido seleccionado entre quienes integrarían el grupo de elite, elegido para atentar contra la vida del mismísimo Stalin, cuando Tito, aburrido de que el premier soviético mandara inútilmente una y otra vez matones para atentar contra su vida, le envió un mensaje al jefe máximo del Kremlin, que decía textualmente “Deje de mandar sicarios fracasados para intentar matarme, pues si insiste, me va obligar a enviar a los míos, y tenga la certeza que ellos no han de fracasar”.
Al final no fue preciso, pues arribaron a un incomodo acuerdo, pero acuerdo al fin, y Tito terminó sobreviviendo a Stalin.

Pero la historia de mi amigo, el croata cerrajero, no empieza con esa versión personal de ser el supuesto elegido para ese telenovelesco operativo de dudosa constatación. Su historia, y de eso si hay pruebas de sobra, arranca cuando siendo muy joven aún, su aldea es ocupada por los nazis, con el aval y complicidad de la tristemente celebre “Ustacha”, la policía secreta croata afín al nazismo, que tenia su propio campo de exterminio, y su propio proyecto de limpieza étnica.

Entre los prisioneros que marcharon al campo allí, estaba nuestro croata cerrajero, el que se fugó el segundo dia, ocasión en que recibió un tiro en el talón que le causó una renguera de por vida; el que peleó toda la guerra arrastrando la pata, el que al fin consigue liderar la resistencia junto a Tito, el que expulsa a nazis y traidores, el que vence la guerra.

El que luego enfrenta el centralismo soviético y lo vence, el que después es enviado a México y después a Brasil, el que ya en Brasil lidera el secuestro del embajador austriaco para pedir la liberación de presos políticos, el que descubierto por la dictadura brasilera y rodeado en un edificio salta de tres pisos y se bate a tiros con el ejército y logra meterse en la selva, el que huye al sur y se encuentra con los Dominicanos del Frey Betto, ayudando a los perseguidos políticos a salir por Uruguay y Argentina.

El que descubierto, consigue huir a nado por el torrentoso rio Uruguay y entrar en Argentina y huir para Chile.
Ya en Chile, advertido del Golpe de Estado, es uno de los únicos que el 11 de setiembre de 1973, intenta organizar en los alrededores de la Moneda una resistencia armada, para respaldar a Salvador Allende y la media docena de fieles que lo acompañaban dentro del palacio, pero rodeado por los carabineros es ametrallado y herido en un brazo. Aún así logra evadir la prisión.

Sale de Chile por un intrincado camino de la cordillera, ayudado por los baquianos Mapuches, que lo llevan hasta Mendoza. Luego es trasladado a Buenos Aires.
Ya en Buenos Aires, contacta a la gente del MTLP, de Gorriaran Merlo, con el que programan el atentado contra Anastasio Somoza, que se encontraba en Asunción del Paraguay.
Participa activamente en el operativo y logra huir vía Brasil y luego para Uruguay, via Livramento-Rivera.
Ingresa a Uruguay con una documentación falsa portuguesa, bajo el pretexto de ser un instructor de cerrajería que pretendía abrir una escuela en Montevideo.

Mientras intentaba conseguir la habilitación, merced a algún mango que traía de la organización, compra un pequeño apartamentito en el fondo de un conventillo en la calle Sierra (hoy Fernández Crespo), entre La Paz y Miguelete, e instala un Taller de Cerrajería.

Su ultimo movimiento revolucionario, fue una lateral participación en la toma del cuartel de la Tablada, en Argentina, donde apenas ayudó, ya estaba muy viejo.

Después se hizo muy amigo de Osiris Rodríguez Castillos, con el que se visitaban cotidianamente y hablaban con fluidez.
Empezó a frecuentar la Biblioteca Nacional y se hizo muy popular y amigo de la tertulia, y su vida dio un giro radical, se hizo ocioso y parsimonioso, se lo veía al atardecer en el café de los vascos, departiendo y discutiendo con el resto de los tertulianos, la mayoría muy nutridos intelectualmente, pero de muy poco rodaje práctico, creo que se deferían una admiración mutua, y un respeto equivalente.

Después, los vientos de la vida me arrastraron muy lejos de esas playas, y perdí contacto con esas realidades, solo de tanto en tanto, Serpico me relataba algo de los acontecerese como para alimentar mi nostalgia.
Se murieron Cabrelli, Marletti y casi todos….
Por mis cuentas solo quedaba el croata cerrajero.
Pues bingo, el otro dia cuando el cumple del Serpico, lo llamé para saludarlo, y charla va charla viene, me puso al tanto de las últimas.
“Hace ya como un año que el croata cerrajero se nos fue. Bueno nada de más, ya estaba viejo el pobre, pero lo que más duele es la forma en que se nos fue.
Parece que dos o tres pichesitos, le entraron en la pieza, allí en Sierra y le pegaron con una tabla en la cabeza para robarle setecientos pesos.
No se puede creer, te das cuenta, un tipo, que estuvo en un grupo de elite para ir a ejecutara a Stalin, que topó a los nazis de frente, que enfrentó un campo de concentración, que topó a Hitler, que enfrentó a la dictadura brasilera, que topó a Pinochet, que ejecutó a un dictador como Somoza, que se burló de un tirano como Stroessner, viene a morir en manos de tres pasteros de los cuernos quemados, por setecientos pesos, no tiene gollete…
¡La c… de mi hermana..¡”.

Yo que sé, Y bueno, que se va hacer, pa mi es una reverenda injusticia, pero quizás las cosas al fin salen como deben salir, pues quizás al día de hoy, esta horda de descabezados son más peligrosos que aquellos que a lo largo de más de un siglo, nos ponían los pelos de punta, y quizás estemos viviendo la mas letal y desencajada guerra que la humanidad ha conocido.

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