Palacio Taranco

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por Karina Ruiz – Diaz

Situado en el corazón de la Ciudad Vieja, frente a Plaza Zabala,
se encuentra uno de los más hermosos museos capitalinos, el Palacio Taranco.
Antigua Casa de Comedias,
luego devenida en vivienda familiar de los hermanos Ortiz de Taranco,
esta construcción palaciega, adornada con muebles y obras de arte de la época,
invita a perderse por sus pasillos,
maravillarse con sus rincones inundados de sol y deleitarse en su pletórico jardín,
con fuente incluída.

Los hermanos Félix, José y Hermenegildo Ortiz de Taranco, llegaron a Uruguay a fines del siglo XIX. Luego de adquirir el predio, encargaron el proyecto de su residencia personal a los arquitectos franceses Charles Louis Girault (autor del Petit Palais en París) y Jules León Chifflot, en 1907. La obra estuvo a cargo de la empresa constructora de John Adams, responsable también de la construcción del edificio del Hospital Británico de Montevideo y se culminó en 1910.

La residencia fue habitada por los Ortiz de Taranco hasta el fallecimiento de Félix, en 1940. Su esposa, Elisa García de Zúñiga, se trasladó a otra propiedad de la familia y comenzaron las tratativas de venta al Estado, que la adquirió en 1943 junto con el mobiliario.

La familia donó las obras de arte (pinturas, esculturas, textiles), con el expreso propósito de que se destinara el edificio y la colección, a la constitución del Museo de Artes Decorativas, que se inauguró como tal recién en 1972.

La colección de obras de arte de la familia Ortiz de Taranco incluye pinturas de Ribera, Ghirlandaio, Teniers, Velázquez, Van Mierevelt, Zuloaga, Sorolla, entre otros. También esculturas de Bouchard, Landowski ,  Vermare y Benlliure.

Pisos de roble estilo Versailles, bocas de estufas y columnas de mármol de Génova, así como rejas, vitrales y otros elementos traídos de Europa, pueden contemplarse libremente, ya que casi la totalidad del edificio está abierto al público.

En su visita, la que se hace sin prisa, el visitante recorre una típica vivienda de fines de siglo, en la que por momentos se siente transportado en el tiempo, conociendo de primera mano, como era la vida y costumbres de la época.

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1 Comentario

  1. Es un verdadero castillito con todo el mobiliario como algunos que se puede visitar en Europa, y casi todos los elementos que se utilizaron en su construcción provienen de allá. Un placer para los sentidos, un edificio donde se puede apreciar el detalle de los proyectos arquitectónicos de aquellas épocas, realizados en los mejores materiales.
    Hay que volver a visitarlo cada tanto

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