Crónicas de África III

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por Prof. Mauro Barboza

Zimbabue o la tierra de las “Grandes Casas de Piedra”.

Zimbabue, al igual que Botswana,
país del cual proveníamos,
fueron hasta bien entrado el Siglo XX
parte del gran Imperio Británico,
¡el mismo que según el gran escritor
y humorista irlandés Bernard Shaw,
le fue concedido a los ingleses
como compensación por sus mujeres!


Pero ese no es nuestro punto, obviamente.
Un aventurero inglés, Cecil Rhodes,
político, empresario y colonizador,
conquistó para Sud África,
para su Compañía Británica
y sobre todo para sí mismo,
un vasto territorio,
equivalente a unas tres veces la superficie de Francia(!),
tres territorios que llevaron por nombre
Rhodesia del Sur(Zimbabue), Rhodesia del Norte(Zambia)
y Nyasaland (Malawi).
Independizados en la década de los sesenta,
tomaron sus nombres de acuerdo a sus condiciones locales.
Así Zimbabue significa país “de las Grandes Casas de Piedra”.

Sin embargo, Zimbabue es conocido sobre todo por la Gran Catarata de la Reina Victoria, descubierta por el Dr. David Livingstone en el Siglo XIX. Y ese remoto y legendario accidente geográfico, ubicado en el río Zambeze, uno de los cuatro ríos más importantes de África, fue precisamente lo que nos llevó hasta allí. De hecho, casi todos los viajeros que transitan por la zona tienen las Cataratas de Victoria como su objetivo principal. Las Cataratas de la Reina Victoria son, de hecho, una de las tres más espectaculares y conocidas del mundo, junto con las de Iguazú y Niágara, a las que supera en extensión y altura. En torno a esas Cataratas, antaño remotas, se ha construido un importante complejo turístico que incluye hoteles, negocios, sitios de recreación y hasta un aeropuerto, que sirve para ingresar tanto a Zimbabue como a Botswana.

Nosotros llegamos por vía terrestre, y nos alojamos en un hotel muy particular, llamado Lokuthula, con cabañas individuales instaladas en un parque natural, en una zona casi selvática, tanto que hay una advertencia bien visible a la entrada que dice que no hay que acercarse a los animales, que, si bien parecen inofensivos, no dejan de ser salvajes. Entre las cabañas transitan principalmente cérvidos de afilados cuernos, pero también hay monos, cerdos, cabras y un poco más lejos, en los lindes del bosque vimos pastar algunos búfalos.

El hotel se llama Lokuthula y tiene un restaurante desde donde se puede apreciar un paisaje espectacular mientras se desayuna, y un espacio de fiesta, un rancho de grandes dimensiones llamado Boma, en el cual, como atracción adicional, a la cual se suman turistas de todas las procedencias, pudimos asistir a la noche a un espectáculo con música, danzas y comida típica, donde no faltó inclusive un brujo adivinador del futuro (!), que se vio permanentemente rodeado de mujeres, sobre todo jóvenes, y esto no es una referencia machista, sino resultado de la observación directa. En torno al cubículo donde atendía, había una larga cola, ¡todas mujeres! Me pregunto si algunos hombres se habrán mantenido al margen por cortedad, por lo que pudiera decir la gente. No es mi caso, yo soy naturalmente escéptico, por decir lo menos.

La Fiesta del Boma

Fotos 1 y 2- La Fiesta del Boma

Yo asistí sin mucha convicción, pensando que debía ser un espectáculo estrictamente comercial. Por supuesto que lo era, pero con un montaje muy atrayente, desde el entorno hasta el espectáculo y la comida. Disfrutamos de un show de tambores, música típica, danzas y canciones realmente entretenido.
Nos distribuyeron tambores a todos los presentes y en poco rato estábamos todos plenamente integrados al ritmo. ¡No faltaron tampoco las espontáneas, en su mayoría rubias, que saltaron a la pista demostrando insospechadas raíces africanas! Y aquí no faltaron algunos hombres, sobre todo anglosajones, que después de unas copas se atreven a todo.

Otro aspecto llamativo fue la comida. Muchas comidas típicas y también tradicionales, pero el atractivo mayor fueron las carnes: en varios parrilleros estratégicamente distribuidos, encontramos lo que llaman “carne de caza”, como ser antílopes, búfalos, cerdos salvajes, cabras, cebras, peces de río, aves, etc. ¡Y todo en asadores a la vista, como para que quedara claro que no se engañaba a nadie! Yo probé un poco de cada cosa y me gustó particularmente una carne cuyo cartel decía “sirloin”. Alguien me ilustró gentilmente, que “sirloin” es algo similar a nuestro solomillo. ¡Eso sí, nunca supe de que animal era, pero el “sirloin” con puré estaba realmente bueno!

Agotados pero contentos, nos fuimos a dormir tarde en la noche. A intentar dormir, debí decir, porque los mosquitos nos hicieron la vida imposible, pese a todos los repelentes que usamos y a que cada cama contaba con su mosquitero. En fin, que igual valió la pena!

Al día siguiente las cataratas, lo que nos había llevado hasta allí.

El espectáculo que se roba las palmas indiscutiblemente es el de las Cataratas, descubiertas por Livingstone en 1855 y bautizadas Victoria en honor a la Reina de Inglaterra, en los albores del famoso período victoriano (1850-1900 aprox.), cuando el Imperio se extendió como nunca antes. Pensando un poco la historia, no deja de extrañar que los grandes períodos de expansión de los Imperios modernos se hicieran bajo el gobierno de mujeres, así Isabel I y luego Victoria en Inglaterra, Isabel la Católica en España y Catalina la Grande en Rusia.

Alguien dijo una vez que ello había sido posible porque, perteneciendo al género femenino, ¡no perdían su tiempo pensando en mujeres! ¿Da para pensar, ¿no? Aunque no parece ser el caso de Catalina de Rusia, quien al parecer dedicaba buena parte de su tiempo a seleccionar y disfrutar de los más gallardos caballeros de su reino. Solía decir la gran Catalina: “¿Y por qué he de privarme yo de lo que tienen derecho hasta las simples campesinas?”. Sabia reflexión que deberían escuchar todas las mujeres jeje… (punto de vista masculino, naturalmente)

Cataratas De la Reina Victoria

Pero volvamos a las Cataratas. Por supuesto para ingresar al vasto lugar donde se encuentran, es necesario pagar una entrada de treinta dólares en nuestro caso, es decir como turistas. Y decimos esto porque vimos ingresar gente que provenía de lo que parecían ser centros parroquiales, comunales, de ancianos, etc. y por cierto como en todos lados, muchos niños y adolescentes llegaban en bandada en los clásicos buses escolares. Todos ellos con pases especiales, pero los turistas, como es lógico, pasando por ventanilla, sin excepciones.

Tuve un pequeño conflicto a la entrada, porque el ticket decía “Rain Forest”, (traducido bosque o floresta lluviosa), ¡y yo quería ver las cataratas! Trabajosamente el chofer del taxi me explicó que se llama así ese lugar porque la caída muy fuerte del agua provoca una especie de neblina que por momentos se apodera del paisaje. No fue el caso, era un día claro y apenas se percibía una neblina allá abajo, sobre la superficie del agua. Un espectáculo por cierto notable. Varios saltos de agua del caudaloso Zambeze provocan no solo una impresionante cortina de agua, sino también un gran estruendo. De hecho su nombre indígena significa “el gran trueno del agua”.

Foto 5- Estatua de Livingstone

Dr. David Livingstone

Obviamente las cataratas eran conocidas para los africanos, pero para los europeos su descubridor fue Livingstone, pues como se sabe ¡nada ha sido descubierto hasta que lo ve por primera vez un hombre blanco!

El Dr. Livingstone fue un gran explorador y filántropo y es el extraño caso de una persona cuyo cuerpo reposa en dos continentes diferentes. La mayor parte del mismo se encuentra en un cementerio londinense, pero su corazón fue enterrado por sus ayudantes en Zambia, donde aún reposa con una fuerte connotación simbólica: el gran hombre blanco cuyo corazón estaba en África.

A la entrada de las cataratas hay una enorme estatua de Livingstone, cuya fama filantrópica perdura en África, en una época en que se tiende a defenestrar a todos los europeos que recuerden el pasado colonial del continente.

Los colonialistas ingleses lo odiaban por su tarea de reivindicación de derechos de los africanos y trataron de desprestigiarlo de todas las formas posibles, pero no lo lograron.

Una importante ciudad de Zambia, por ejemplo, lleva su nombre. Una anécdota que no me resisto a contar es que en una oportunidad fue atacado por un león. Con gran presencia de ánimo y tranquilidad, sacrificó su brazo izquierdo mientras con el derecho extraía su revólver, un colt 45, y le descerrajaba un balazo en la cabeza. Su brazo quedó semi inutilizado al parecer, pero él mismo se negaba a hablar del episodio y se auto adjudicaba la culpa! Perdón por extenderme con Livingstone, pero me parece un ser humano extraordinario al que siempre vale la pena sacar a la luz.

Las cataratas recuerdan al Iguazú por lo extendidas; son casi dos km de saltos y hasta 108 mts de altura, el doble en ambos sentidos, extensión y altura, que las  cataratas del Niágara y bastante más altas  que la altura promedio de las del Iguazú, que las supera en cambio en extensión. Es posible recorrer el gigantesco salto por una vereda ubicada en la margen opuesta del río, rigurosamente vallada para evitar riesgos, y que se extiende por cerca de un kilómetro.

Como atractivo extra, existen en el lugar mismo donde se producen los saltos algunas piscinas naturales, en las cuales es posible bañarse, ¡al borde mismo del abismo! Es necesario tener cuidado, pero no existen demasiados riesgos, porque el agua se remansa y estas piscinas tienen una especie de muro, cavado por la misma corriente en la roca, que otorgan un margen razonable de seguridad a quienes no corran riesgos innecesarios.

Catarata de la Reina Victoria “Piscinas del Diablo”

Pudimos ver estas piscinas desde la margen opuesta del río, y vimos a decenas de intrépidos bañistas disfrutando, no tanto del frío baño, sino más que nada de la dosis de adrenalina que supone bañarse en ese lugar. Se las llama “Piscinas del Diablo”, nombre nada original, pero que trasmite el sentimiento de riesgo al borde del pecado.

También es posible hacer bungee y canotaje acuático, (ver foto portada) pero para ello hay que contactarse con las agencias que programan estas actividades previamente, cosa que nosotros, que fuimos apenas por el día, no hicimos.

Al otro día partimos desde el pintoresco aeropuerto de Victoria Falls con destino obligado a Europa, pues como consecuencia del Covid, todavía no hay en este año 2022 vuelos directos al sur de África. Una verdadera lástima, pues la larga deriva entre América del Sur y Zimbabue, Botsuana o Sudáfrica, no solo encarece el costo de los pasajes, sino que se vuelve muy agotador. La ventaja es que se puede hacer una disfrutable escala de algunos días en París, Madrid u otra gran ciudad europea. En mi caso, permanecí una semana en la capital francesa. Pero esa es otra historia… 

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