Cuando digo Candombe…

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por Karina Ruiz Diaz

Se acerca el desfile de Llamadas.
Casi podemos sentir el repique del tambor,
visualizando Mamas Viejas, Gramilleros, Escoberos
y cuerdas de tambores a lo largo de Isla de Flores.

Pero más allá de esa fiesta de ritmos y colores,
pocas veces nos detenemos a pensar
en el simbolismo ancestral que carga el Candombe.

¿De donde vienen esas figuras que desfilan,
los símbolos que portan, qué sabemos de sus orígenes?



Para conocer más sobre el tema, aconteceres dialogó con Isabel “Chabela” Ramírez Abella, Presidenta de la Casa de la Cultura Afrouruguaya, fundadora de Afrogama, cantante, feminista y candombera de alma, hoy integrante de la comparsa Valores Ansina.

Isabel “Chabela” Ramírez Abella




Vale aclarar que la riqueza de conocimientos de Chabela es muy difícil de resumir en pocas líneas, el diálogo fue más allá del significado de las figuras que integran la comparsa, porque, como ella misma señala, “el candombe tiene una gran raíz de dolor, de resistencia, de agruparse para no estar sometido”, así que desde ya van nuestras disculpas por posibles errores u omisiones.



“La Mama Vieja a veces llora
Parece que se siente sola
Mirando niños en las rondas”…


Con estas líneas de Eduardo Mateo, Chabela inicia el diálogo, dice que le gustan porque de alguna forma expresan ese rol de madre que amamantaba hijos propios y ajenos, mirando niños que no eran los de ella, pues muchas veces los propios eran vendidos o entregados a otros para servir.
“La Mama Vieja como personaje folklorizado de la comparsa, hoy tiene un rol que no define, porque por un lado es sagrada, intocable, la más grande y sabia, pero eso cambia cuando introducen la figura de la vedette y pasa a ser secundaria”.

Esta figura trae dos bibliotecas, por un lado desde los Congos, la Coronación de los Reyes, es Reina; por otro, en la cosmovisión yoruba, representa a los orixás mujeres Iemanjá, Oxum, Oiá, Obá.
Para las Salas de Nación (espacio donde se reunían los africanos y rendían culto a las entidades respectivas), es la reina entre los Congos. En cada Sala de Nación había rey y reina, los que después, en la calle, se transformarían en la Mama Vieja y el Gramillero. Aclara Chabela que estas figuras “no siempre estuvieron juntas, pues en la tradición yoruba por ejemplo, los orixás bajan solos, no en pareja”.

La forma de bailar también tiene su sentido, en el caso de la Mama Vieja, va girando. “Para mí y lo digo con la responsabilidad que corresponde, es el desenvolvimiento, el giro es una forma de desenvolver religiosamente. Ese desenvolver implica que llegue la entidad que ocupa tu cabeza, y se hace al ritmo de la música, al ritmo del tambor”.

murales de calle Minas e Isla de Flores – Montevideo



Por supuesto el candombe que vemos hoy no es el mismo que en sus orígenes, a lo largo de los años se fue modificando para adaptarlo a una sociedad occidental y cristiana, que ha desvirtuado en cierta forma su esencia ancestral africana. “Es difícil vivir en un continente donde desde que llegaste hasta que te morís, te están haciendo sentir que vivís de prestado y que tenés que agradecer permanentemente, que te tenés que adaptar a eso, porque lo tuyo ya no está, no existe. Adaptarse para sobrevivir”.

Y en ese proceso, el baile de la Mama Vieja se vió alterado. “Yo no olvido la expresión de la Mama Vieja al bailar un milongón, era fantástico. Hoy tiene que ir volando, corriendo, sacudiendo el abanico hasta que se le hace pedazos, porque las comparsas tienen un tiempo establecido para desfilar que te obliga a dejar de lado muchas cosas”.

Y aquí aclara que “el candombe no es algo meramente divertido, tiene una gran raíz de dolor, de resistencia, de agruparse para no estar sometido y tener un momento de disfrute comunitario, disfrute que se da aquí con el candombe y en Brasil con el samba, que se da en todo lo que son cuestiones colectivas. Del mismo modo que necesitás tres tambores para hacer candombe, también en esa comunión colectiva hay un espíritu que se crea en ese momento, que aparece, te posee, a todas las personas, independientemente de a que etnia pertenezcan”, puntualizó.

murales de calle Minas e Isla de Flores – Montevideo



“Si no hay salud, no hay vida”, señala Chabela al hablar del Gramillero, destacando que “cuando lo convertís en médico, ya le das una jerarquía occidental cristiana”.
Él era el descendiente de Oossain, del batuque y el candomblé, es “el dueño de todas las hojas, de todos los árboles, de la naturaleza. Por eso el lleva los yuyos, pero hay otro orixá que también está en combinación con lo que representa el Gramillero, que es Oxalá viejo, al que muchas veces en el sincretismo se lo asocia con Dios en la tierra, regente del sol, la paz que tiene que existir en todas las civilizaciones. Oxalá llega con su bastón, pero no lo usa porque es viejo, sino simbolizando el bastón de mando”.

murales de calle Minas e Isla de Flores – Montevideo



Y la otra figura de la comparsa es el Escobero y es la que tiene un simbolismo que sorprende. “El es quien lleva sobre sí todas las miserias del mundo, por eso se limpia”, explica Chabela. “Es un personaje masculino que va cubierto, porque somatiza todo lo que vivís, las enfermedades, las pestes y la piel se pudre. Antes usaba cascabeles”.
Representa a Obaluayé, “está enfermo de la piel, por eso se tapa con paja de la costa, danza y se limpia, limpia el ambiente, cura las enfermedades espirituales”.

Los símbolos que portan las comparsas también tienen su significado y, al igual que los personajes, han sido modificados y algunos eliminados, como el Bastonero, que era quién guiaba, mostraba el camino, “pero al no poder transmitir los aspectos rituales, quedó vacío de contenido”.

Sobre la luna, explicó que representa a Oxum, la orixá dueña del río, del agua dulce, la madre, la que hace que las cosas crezcan, por lo que es lógico que esté en la comparsa.
En relación a la estrella, aporta una mirada distinta, no es solo la estrella que brilla en el cielo, es también la estrella de mar. “Y ahí ves a Iemanjá, ves a la madre del resto de los orixás, conviviendo con nosotros acá en la tierra”.

Y en este punto, es que Chabela señala que “hoy la naturaleza se ve sometida a la mano de los seres humanos, vemos como está el mundo, el clima, la tierra se abre, el fuego se descontrola permanentemente.
Entonces, cuando decís creer en los orixás, en lo que los africanos que venían esclavizados acá sabían y nos transmitieron, creer en eso, por supuesto que sí, lo vemos todos los días”.

El candombe es una representación de la religión que trajeron esos esclavos, pero el gran peso de la Iglesia Católica, aún en un país laico como el nuestro, “hizo que desaparecieran un montón de símbolos que le daban sentido a lo que los africanos pregonaban en sus demostraciones culturales”.

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2 Comentarios

  1. Q buenas las pinturas y leyendo recién me doy cuenta q el escobero no está más incluso a mí me gustaban las cuerdas de antes ahora no suenan para mí igual pero todo cambia

  2. Es verdad lo que dice Chabela muchas cosas se han perdido y el rol de la mama vieja también, ella no puede lucirse es poco el tiempo que le dan y todo a lo apurado se pierde mucho

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