por Raphael Ficher
Fue en Rivera.
Donde aquellos puños se encontraron para corregirse la cara
bajo el incandescente barro nocturno.
Sin mirar la frontera, sin ser la mujer la pira de la ira, el fogonazo de los piches resplandecía de lejos.
Ocultaba la cara, un entronado mar seco de vino, una fragua de odio y un gato ladino.
En la montonera de barro, trago y sangre, celebra el nacimiento una serpiente de metal.
Uno cae inconsciente, rendido a los brazos de la muerte.
Otro corre a grito partido, he matado a un inocente.



















