por Mauro Barboza
El último verano tuve oportunidad de conocer el Museo Ralli de Punta del Este.
Resultó una gratísima sorpresa, una joya que conocía sólo por referencias.

Una breve historia sobre este museo, esta maravilla que casi “esconde” Punta del Este en el coqueto pero remoto barrio de Beverly Hills, para el lado de la Barra. Eso sí, fácil de encontrar, por la profusa cartelería que indica el camino.
Fue fundado por el banquero Harry Recanati, nacido en Grecia, pero de origen judío, cuya familia es propietaria y fundadora del Discount Bank. La fundación creada por Recanati mantiene otros cuatro museos, ubicados en Santiago de Chile, Marbella y dos más en Israel. Recanati, un enamorado de Punta del Este, instaló el primero en este balneario, en 1987.

El diseño de la planta fue encargado a los arquitectos uruguayos Marita Casciani y Manuel Quinteiro, resultando una planta de gran belleza que condicionó el diseño de los otros museos de la fundación.
Dalí
El Museo alberga obras de gran valor intrínseco, todas ellas originales. Posee, por ejemplo, una colección de valiosos Dalí, que son parte de series creadas por él. Entre otras, destacamos su escultura en bronce de una mujer con cajones y clavijas sobresaliendo de su cuerpo, que sugieren los secretos y dolores de la existencia, inspirada en su famoso cuadro “La Jirafa Ardiendo”, una de sus obras más impactantes. Esta estatua, una de nuestras preferidas, expresa la esencia misma del surrealismo. Una estatuilla en bronce que reproduce uno los famosos “relojes blandos” de su cuadro icónico: “Persistencia de la memoria”.
Pero todo el Museo se destaca por el exquisito buen gusto con que se exhiben las obras. Cada galería, cada pasillo, cada espacio abierto, cada obra expuesta revela un cuidado diseño, perfectamente incorporado al hermoso edificio que las alberga, mostrando una homogeneidad de concepción como no recuerdo haber visto en ningún otro museo, incluyendo los grandes museos de Europa, que amontonan obras en habitaciones cerradas y desprovistas de gracia. Y al que no me crea, lo invito a visitar el museo Ralli, verá que es único en su tipo, al menos entre los que yo he visto.
Hay algunos cuadros que pertenecen al Museo, como el sol de Páez Vilaró, el que usa la selección uruguaya de fútbol en su escudo:

Exposiciones
Entre las exposiciones itinerantes, que circulan entre los diferentes Museos Ralli, encontramos dos interesantísimas colecciones, la primera del ruso-francés André Lanskoy, perteneciente al ignoto “Movimiento Tachista”, pero valioso en sus conceptos, reconociblemente próximo al abstraccionismo de mediados del siglo pasado, con fuerte predominio del color.

La otra colección a la queríamos hacer alusión, que genera una fuerte empatía, es la que proviene de la inglesa Beryl Cook, artista naif (ingenua), autodidacta, alejada de la academia, cuyas humorísticas figuras nos muestran a una humanidad reconocible en su cotidianeidad: bebiendo, bailando, interactuando, divirtiéndose, empeñada en la búsqueda de la felicidad.

Galerías
Pero reconozco mi asombro muy especial, por la forma como han sido tratados los espacios. Las galerías, rincones, patios. A manera de ejemplo, una escalera decorada con hermosos mosaicos, sobre la cual actúa a manera de acápite perfecto una pintura de Vernazza y un aspecto de las galerías interiores. Para exquisitos:

Espacios abiertos
Y para completar este breve resumen, los patios interiores son espacios de gran belleza, magníficamente diseñados, que llaman a la meditación y al disfrute estético. Un atisbo de eternidad puede percibirse entre esas estatuas que se apoderan mágicamente del entorno, como por derecho propio y que parecen haber estado allí desde siempre.
El patio de las mujeres impresiona por la perfecta integración de las estatuas en un ámbito sereno y reflexivo, en el centro del cual una fuente de la cual mana mansamente el agua, nos recuerda el eterno e incontenible fluir del tiempo.
El otro patio, es un lugar en el cual parecen disfrutar libremente del espacio una variedad de figurillas gráciles y virtuosas, con las cuales el paseante puede entablar un diálogo silente y amable.
Una recomendación: si pasa por Punta del Este, no deje de visitar el Museo Ralli, aún aquellos que no tienen una formación o un interés específico, sentirán el goce de los sentidos unido al despertar del intelecto a una dimensión diferente.


















