por Karina Ruiz Diaz
Se dice ferroviario desde que nació,
en Sayago, cerca de las vías del tren.
«Caminé primero las vías y luego las calles de Sayago,
nunca trabajé en AFE, pero el ferrocarril lo llevo en la sangre».

.
Así se define Carlos Cóppola, quién forma parte del Círculo de Estudios Ferroviarios del Uruguay (CEFU), una asociación que tiene 34 años de existencia y nuclea apasionados por el modo ferroviario, al igual que «los compañeros de la Asociación Amigos del Riel, asociación hermana, y los ferro aficionados, ellos con trenes en miniatura, nosotros con elementos más grandes”.
En diálogo con aconteceres, en el marco de una muestra de trenes en miniatura realizada en el predio de la Estación Central, explicó que “tenemos locomotoras preservadas, restauradas y que funcionan. Todo eso está apuntando siempre al hecho de que podamos transmitir a las generaciones más jóvenes, la pasión y la cultura por el ferrocarril”.
La pregunta se impone, ¿qué siente al ver la Estación Central hoy?
Yo esta estación la viví muchísimo, porque viviendo en Sayago era habitual no tomar un ómnibus y venir en tren, cuando la estación estaba en su apogeo. Verla ahora, cuando la han saqueado y ha sido tierra de nadie durante quince años, duele, porque esta estación es patrimonio nuestro y nos han robado el patrimonio”, afirma con la voz entrecortada, visiblemente emocionado. “Le han robado cosas que eran nuestras, que eran de los uruguayos, nos han robado buena parte de la instalación, está el edificio, pero le han robado de todo y va a costar mucho volver a dejarla en condiciones, si es que se puede volver en algún momento”.

¿Qué futuro quiere para la estación?
Yo desearía verla funcionar, pero aggiornada. No tendría sentido que la estación tenga siete andenes, como tiene, para trenes que no existen. Que la estación reviva significa que el modo de transporte ferroviario también tiene que revivir. Antes no se pensaba en la palabra transporte multimodal, no existía, ahora sí, sabemos que es posible compartir y no competir, el ómnibus con el tren, complementarse uno con otro.

Esta estación fue dimensionada para una cantidad muy grande de empleados, que ahora tampoco hay, entonces todo esto, a mi modesto entender, debería funcionar y tener además un desarrollo cultural, museístico, artístico, gastronómico, pero que se pueda volver a la vida, porque este edificio lo merece”.
Recuperar la mística de la estación, porque “los uruguayos nos merecemos que vuelva a la vida. Vivió una pesadilla durante quince años, si logramos que esa pesadilla se revierta, creo que vamos a estar cumpliendo con una obligación que tiene toda la sociedad”.

Cóppola contó que en el marco de esta actividad, “hemos recibido muchísimos ferroviarios y familiares que se acercaron y nos contaron un montón de historias divinas, de personas que vivieron esto mejor que nosotros, lo que nos indica que vamos por el buen camino y esperemos que las autoridades también lo entiendan y podamos ver que este lugar reviva.
Como confirmando esta afirmación, en medio de este diálogo se acercó Juan Carlos Mesa, quién contó que fue de los primeros vendedores de caramelos con autorización para vender dentro del tren “Iba y venía desde acá hasta 25 de Agosto y después por la otra línea hasta Toledo, hacíamos viajes hasta la noche.

Yo empecé con un kilo de caramelos y terminé vendiendo veinte, y mirá que hacíamos dinero en ese entonces”. También Mesa siente tristeza al ver el estado de la estación, “a veces hasta me puse a llorar cuando pasaba y la veía abandonada y con personas durmiendo acá, por eso voy a luchar para que la estación vuelva a funcionar, porque quiero volver a vender caramelos arriba del tren”.
Y este diálogo continuó mientras nos alejábamos y más personas se acercaban para escuchar y compartir historias de rieles, historias de vida, que encontraron eco en las paredes de la vieja Estación Central.



















