Crónicas de África I

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por Prof. Dir. Mauro Barboza

El Bush Camp y la reserva natural del río Chobe.



Jorge Luis Borges,
en uno de sus mejores relatos,
“El Muerto”,
nos cuenta de Benjamín Otálora,
un compadrito del barrio de Balvanera,
en Buenos Aires,
“sin más virtud que la infatuación del coraje”,
quien llegó a ser capitán
de una banda de hombres
(“contrabandistas” dice el autor, no es el caso),
en las llanuras ecuestres del sur de Brasil,
y nos dice que ese destino
parece de antemano imposible.

Este cuento me vino a la memoria a raíz de un reciente viaje de aventura realizado a Botsuana y Zimbabue, que incluyó un safari de seis días por las áridas pero ricas en vida salvaje, tierras de Botsuana y posteriormente una excursión de cuarenta y ocho horas a las célebres Cataratas de Victoria, en Zimbabue, donde disfrutamos a la noche de un espectáculo típico  con tambores, danzas y “comida de caza” (antílope, búfalo, jabalí, y algo que se llamaba ”sirloin” que todavía no averigüé que es, pero que estaba muy rico). El todo colmó largamente nuestras expectativas. Pero de esos aspectos, concretamente el safari y las cataratas, trataré en otra crónica.

Walter Sanchez – Janala Tours

Mi propósito en este momento es contarles sobre un uruguayo, de Belvedere, hincha de Liverpool, quien llegó hace treinta años a Botsuana, se enamoró del áspero paisaje, de la vida animal, y se quedó para siempre, a tal punto que hoy está en pareja con una bosquimana, una de las tribus ancestrales de la zona del Kalahari, y que ha montado un pequeño imperio turístico, que incluye dos hoteles, uno en medio de una reserva natural y otro en las márgenes del Río Chobe, un barco de dos pisos, un par de lanchas, una flota de diecisiete camionetas de expedición y una numerosa tropa de empleados africanos!

¡Francamente, ni Borges lo hubiera imaginado!

Cabañas Bush Camp
Un día cualquiera en el Bush Camp

Su nombre es Walter Sánchez, bien uruguayo, un hombrón de 1.90 y arriba de 120 kilos de peso, que impone respeto con su presencia, desmentida por su carácter afable y servicial. Su casa está en medio de la sabana africana, en un lugar llamado Bush Camp. Un lugar difícil de describir, pero que no vacilaría en tildar de paradisíaco. Allí está su hotel, compuesto de varias cabañas sobre palafitos de unos cinco metros de altura, rodeadas de árboles, con un amplio comedor de uso común y una piscina donde se puede disfrutar bucólicamente de un increíble entorno. Todo el complejo está rodeado de una cerca que se electrifica de noche, después que todos se van a acostar, para proteger a los huéspedes de intromisiones peligrosas.

Durante el día se puede disfrutar del paisaje y la abundante vida animal que discurre en sus alrededores, mientras se saborea un trago o, en mi caso, de un buen mate uruguayo (¡faltaba más!). Durante el día abundan los herbívoros y frugívoros: gacelas, cebras, jirafas, monos, jabalíes que merodean alrededor del complejo. A la nochecita llegan los elefantes y se apoderan de las pozas. Y más tarde, aunque manteniéndose en las sombras, se arriman los depredadores, principalmente hienas, pero también perros salvajes, leones y algún leopardo.

El Bush Camp – manada de elefantes salvajes
que al caer la noche se acercan a beber el agua
pura de las pozas que rodean el complejo.

Todas las noches dormía con una manada de elefantes bajo mi ventana. Disfrutable espectáculo el de aquellas moles grises balanceándose plácidamente en las penumbras. Aquí me tomé mi tiempo para describir un ámbito ampliamente disfrutable, que compartí con gente de varias nacionalidades, sobre todo europeos, españoles, italianos, alemanes, suizos, etc. y también con una pareja de amabilísimos mexicanos, Bety y Eugenio y una bella joven uruguaya, Claudia, a la sazón residiendo en España.

Deseoso quizás de hablar con uruguayos el amigo Sánchez nos fue a buscar personalmente al Aeropuerto de Victoria Falls, en el vecino Zimbabue. Asimismo, compartió nuestra mesa todas las noches y nos contó infinidad de anécdotas de sus encuentros con animales salvajes, así como de sus exploraciones arqueológicas en Pompeya. ¡Una gran variedad de intereses para alguien que llegó a Botsuana como biólogo!.

Todo un personaje que ciertamente no será fácil de olvidar. No en vano, Nano Folle, en su programa Uruguayos por el Mundo, le dedicó un disfrutable episodio, que me dio la pista para contactarlo y programar el viaje.

Desde el Bush Camp es posible hacer excursiones terrestres por la reserva natural del Río Chobe, donde se puede observar el comportamiento de numerosas manadas de animales salvajes, sobre todo elefantes. En Botsuana existen unos 130 mil elefantes salvajes, aproximadamente la mitad de todos los que quedan en África. Pero allí, en la Reserva Natural del Chobe, también abundan gacelas, antílopes, búfalos, jirafas y una única manada de leones, ya que es sabido que los leones no comparten territorio con otros leones. Cualquier intento de intromisión por otra manada provocará un combate a muerte, y los ganadores se quedarán con todo, es decir con el territorio y las hembras. Esta limitación hace que los leones adultos, sometidos a duras batallas para conservar su coto de caza y reproducción, sólo tengan una corta vida de entre ocho y diez años, al cabo de los cuales sucumbirán, inevitablemente, ante rivales más jóvenes.

No vimos cachorros, así que supusimos que podían pasar dos cosas, o que los cachorros estuvieran ocultos en algún lugar de vegetación más espesa al cuidado de una leona joven, algo común, o que los dos enormes machos que vimos se hubieran apoderado recientemente de la manada, y como es sabido, los nuevos amos matan a todos los cachorros para que las hembras entren rápidamente en celo y así reproducirse. La cruda ley de la naturaleza.

Como dato anecdótico contaré que estos soberbios animales en cautiverio viven hasta 24 años, más del doble de lo que vive un león salvaje. Siempre me he preguntado que elegiría el león, vivir en su medio natural, peleando permanentemente para sobrevivir, sometido a largos ayunos en las épocas de sequía cuando los herbívoros emigran buscando mejores pastos, viejo a los diez años, expulsado de la manada y condenado a morir de hambre o en las fauces de las hienas, o quizás preferiría vivir en un zoológico moderno, con amplios espacios para movilizarse, agua y comida abundantes, atención veterinaria y varias hembras a su disposición por las cuales no debe contender con ningún rival ¿Ustedes que harían si fueran leones?

Vimos a este clan intentar cazar sin éxito a un búfalo, se acercaron silenciosamente, semi ocultos por la vegetación de la ribera del río, pero fueron detectados y la manada de búfalos se metió más que rápido al río nadando hacia la otra orilla. Ahí comprobamos que a los gatos no les gusta mojarse las patas. Las leonas, sobre quienes recae el peso de la cacería, llegaron hasta el borde del río, miraron melancólicamente las chuletas que se alejaban nadando y dieron la vuelta, resignadas. De todos modos, su apariencia lustrosa nos hizo suponer que hambre exactamente no pasaban.

A todo esto, un leopardo aguardaba pacientemente, subido a la rama de un árbol, casi invisible, a que una gacela o un impala pasaran debajo para saltar sobre su lomo. Pero los impalas, los herbívoros más numerosos, se mantuvieron a distancia ante nuestra presencia, por lo que el felino, se bajó, gruñendo frustrado y se adentró en el bosquecillo, seguramente buscando otro apostadero menos concurrido.

Preguntamos por los rinocerontes, criaturas emblemáticas de esa zona, pero nos explicaron que habían quedado sólo unos trescientos en toda Botsuana  debido a la caza furtiva, hecha para sustraerle sus cuernos, que tienen un gran mercado en Asia sobre todo, por sus supuestas virtudes “afrodisíacas”. Esto es algo que los científicos niegan enfáticamente, pero se sabe qué difícil es luchar contra la superstición y las creencias populares. Así que decidieron cortar por lo sano, y financiados por organismos internacionales, trasladaron a los rinocerontes, a todos, a una región más protegida en la frontera con Sudáfrica. ¡Un rinoceronte adulto pesa unas dos toneladas, así que imagínense la envergadura de esta operación!.

Esta excursión que les estoy relatando, se desarrolló en la Reserva Natural del Chobe, dónde se asienta el Bush Camp. Un par de días después, nos llevaron a otra excursión, esta vez en lancha por el río Chobe, que resultó una experiencia visual maravillosa. Grandes manadas de animales circundaban sus orillas, como sólo se ven en las documentales y son el resultado de muchas horas de filmación, ¡y nosotros los teníamos ahí, ante nuestros ojos en una escena adánica!. Como siempre, los elefantes son los amos del paisaje, pero también vimos grandes manadas de búfalos, de gacelas, de hipopótamos instalados en charcas cenagosas, una buena cantidad de cocodrilos oportunistas apostados en las orillas y muchas aves, entre las cuales destacaremos el Pájaro Secretario, legendario cazador de serpientes, y águilas pescadoras, conocidas en América del Norte como Águilas Calvas por su cabeza blanca.

Un grupo de cocodrilos detecto una presa y se dirigen ordenadamente hacia ella.
No quisiéramos estar en su lugar

Al caer la tarde volvimos al hotel, el Water Lily Lodge, en la ciudad de Kasane, donde pudimos participar al menos por unas horas de la vida cotidiana de la población nativa, un mundo abigarrado, con supermercados, ferias de frutas y artesanías, cajeros automáticos, automotoras, ciber negocios, etc. Es decir, todo lo que hace a la vida común de cualquier ciudad, pero con un toque típico. También abundan en las calles unos cerditos claramente emparentados con sus antepasados salvajes, los facóqueros, monos traviesos y ladrones, gallinas de guinea, etc.

Manada de búfalos en las riberas del río Chobe

Asimismo nos llamaron la atención un par de cosas: las largas filas de escolares y liceales, todos correctamente uniformados, que desde la mañana transitan por el borde de las carreteras dirigiéndose a los centros de estudio, algo que me hace pensar que el futuro de Botsuana parece más venturoso que el de otras zonas de África, como todos saben enfrentadas internamente en cruentas guerras de poder, de etnias y de intereses extranjeros.

Otra particularidad es la púdica vestimenta. de sus mujeres, siempre con pantalones y vestidos hasta el tobillo, pese al calor. Al no tratarse de un territorio predominantemente musulmán por su pasado colonial, supuse, es una percepción personal, que es un rasgo de la puritana cultura religiosa impuesta por los ingleses. ¡De hecho las únicas minifaldas y shorts que vimos, fueron los de las visitantes extranjeras!

Y después de tres días encaramos el safari por las aún más salvajes tierras del interior de Botsuana, en el Parque Natural Savuti, en la frontera del famoso delta del Okavango, lejos de cualquier poblado e incluso de cualquier posibilidad de comunicación con el mundo “exterior”. Fueron días sin celulares ni medios de comunicación, un reencuentro con la naturaleza y con nosotros mismos, obligados a conocernos y al intercambio permanente con nuestros compañeros de aventura. Esto significó, sin dudar, otra gran experiencia, de la cual ya les contaremos.

Y así dejamos atrás la reserva natural del Río Chobe, satisfechos y con renovadas expectativas, conscientes de que disfrutamos del gran espectáculo de la naturaleza, algo que no sabemos cuánto tiempo estará ahí para nosotros y que entretanto vale la pena disfrutar.

Próxima entrega: Crónicas de África II- Safari por el Parque Nacional del Savuti.

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