por Prof. Mauro Barboza
Confieso que tenía ciertas aprehensiones al visitar un país musulmán.
Pero lo del título: Turquía, la ex Península del Asia Menor de los griegos,
me resultó un sorprendente país.
Para empezar muy seguro para los turistas, tolerante, multifacético y multicultural,
con un funcionamiento muy aceitado de un gran circuito turístico,
que permite recorrer sin contratiempos
un país que equivale a cuatro veces y media la superficie de Uruguay
y que tiene nada menos que 80 millones de habitantes.
La puerta de entrada es indiscutiblemente Estambul, la antigua Constantinopla romana y antes Bizancio entre los griegos, aunque estas dos denominaciones se superponen hasta la conquista turca en el Siglo XV.
¿Cuántas “Turquías” hay? Puede decirse que desde el punto de vista histórico hay dos, una turca otomana y otra arraigada en su glorioso pasado greco latino.
La Turquía otomana nos ofrece como punto de entrada la gran ciudad de Estambul, que tiene un pie en Europa y otro en Asia y es una de las mayores del mundo con más de 20 millones de habitantes. Desde el fin de la época de los sultanes, arrojados del poder por los Jóvenes Turcos encabezados por Kemal Ataturk entre 1918 y 1921, quién se inspiró en las democracias occidentales, el gobierno se trasladó a Ankara, otra gran urbe situada en el corazón del país, con unos 5 millones de habitantes.
Pero volviendo a Estambul, es una ciudad de un tumultuoso e incontrolable crecimiento, con un tránsito infernal y dominada por un espíritu comercial heredado de una antigua cultura oriental, anterior al cristianismo y al islamismo, y que se remonta a los fenicios. Allí veremos grandes mercados y plazas y un barrio entero, el Taxim, dedicado al comercio, peatonal en su mayor parte. Es un gran espectáculo ver a millones (sí, millones) de personas transitar cada día por sus abigarradas calles. El Gran Bazar, con sus 5 mil tiendas instaladas es una gran atracción turística, aunque un conocedor te dirá que no te entusiasmes y busques más bien en otros mercados, otras plazas, y en los comercios callejeros, donde encontrarás mejores precios, aunque la posibilidad de regatear siempre existe, es una tradición y nadie se ofende.
El Gran Bazar, cinco mil tiendas instaladas en interminables galerías. Además de la gran diversidad y las opciones de compras, en un colorido espectáculo muy atractivo en sí mismo.

El tumultuoso barrio del Taxim, o Tacsim, dos millones de personas transitan por estas calles cada día. Un tranvía es el único transporte que pasa por aquí. Increíblemente, no atropella a nadie. La gente, ya adiestrada, se va abriendo como las aguas del Mar Rojo para dejar pasar a los pesados vehículos.
El Cuerno de Oro, la zona VIP de Estambul. Está rodeado de lujosos hoteles y palacios, muchos de ellos transformados en museos. Aquí contemplado desde el famoso Restaurante de Pierre Lotti, un lugar al que se accede por funicular y que como pueden apreciar tiene una hermosa vista.

La Península del Asia Menor, actual Turquía, con todas las islas que bordean sus costas, tiene un glorioso pasado greco latino. La expansión del Islam luego de la irrupción del Profeta Mahoma en el Siglo VII d.C, hizo que después de un largo conflicto fuera finalmente absorbida y transformada en tierra musulmana, un proceso que culminó en el Siglo XV con la caída de Constantinopla y el fin del Imperio Romano de Oriente. A comienzos del Siglo XX el gobierno turco encabezado por el Sultán Mehmet VI eligió muy mal su bando, poniéndose del lado de las potencias centrales junto a Alemania y el Imperio Austro Húngaro. La derrota no sólo significó el fin del sultanato sino también un período de ocupación y la pérdida de la mayoría de las islas, antiguas colonias griegas, que fueron ocupadas por Italia, en el aquel momento integrante de la alianza formada por las potencias occidentales.
Pero en la segunda guerra mundial fue Italia la que se vio envuelta con Alemania y Japón (entre otros, recordemos que también contaron con el apoyo de croatas y ucranianos), en una coalición perdedora y otra vez la derrota determinó un brusco cambio del mapa mediterráneo. Las islas volvieron, finalmente, a poder de los griegos. Los turcos tienen una especie de historia paralela, en la cual cuentan que la victoria de los aliados fue una “ocupación”, la macabra marcha forzada de los armenios fue una “reubicación” y las islas del Mediterráneo, de notoria cultura, tradición e historia helénica, fueron arrancadas por la fuerza a Turquía. Todo bien con los turcos, reitero la opinión francamente positiva que me dejó el país, mucho más allá de mis expectativas, pero ciertas interpretaciones históricas son desde mi punto de vista insostenibles. No es así para los turcos, que lógicamente están muy orgullosos de su país y piensan totalmente distinto.
Estambul, que como decíamos es la puerta de entrada al cercano oriente, es una ciudad que vale la pena conocer. Entre sus atractivos principales encontramos el Cuerno de Oro, que es una entrada profunda y estrecha del Bósforo sobre territorio europeo, con forma de cuerno, la zona marítima que se ve habitualmente a modo de presentación en las telenovelas turcas, y que presenta el lado más glamoroso del país, con sus magníficos palacios sobre la ribera, sus enormes mezquitas, sus fortificaciones, sus puentes y su estilo europeo de vida.
Y si te adentras en territorio turco puedes visitar Ankara, otra gran urbe donde se encuentra el Museo de las Civilizaciones, un paseo por un pasado inmemorial donde se destacan los testimonios de la cultura hitita, los famosos arios que tanto admiraba Hitler, quienes fundaron gran parte de la civilización contemporánea con algunos de sus aportes: la escritura, la rueda, el hierro y la equitación, entre otras cosas. Ellos enseñaron a los hombres a montar a caballo. ¡Recordemos que antes de los hititas el caballo se usaba exclusivamente como animal de tiro! Este Imperio que se extendió por unos setecientos años durante el segundo milenio antes de Cristo dejó restos de una monumental cultura en forma de bajorrelieves, estatuas, objetos de uso cotidiano y hermosas joyas que podemos apreciar en el mencionado Museo de las Civilizaciones.
Y más adentro aún, a una siete horas de viaje por tierra, que se reduce a una hora en avión, encontramos la Capadocia, nombre greco latino que aún conserva, donde se hallan las increíbles formaciones rocosas del llamado “Valle del Amor”, vaya uno a saber por qué. Se me ocurre una explicación, pero prefiero no exponerla aquí por ser demasiado “explícita”. Estas formas producto de la erosión de millones de años, presentan un paisaje que se asocia con territorios extraños, lejanos y extra terrestres, tan es así que ahí se filmaron las escenas de la batalla de naves espaciales de La Guerra de las Galaxias. También es posible hacer un paseo en camello (un dromedario en realidad) y asistir por la noche a un espectáculo de danzas folklóricas turcas, que incluyen, siempre, la famosa danza del vientre. En estos locales es posible consumir incluso bebidas alcohólicas, materia en la cual los turcos son bastante más tolerantes que otros países de cultura islámica.
El pasado helénico
Toda la costa occidental de Turquía está sembrada de las antiguas colonias y ciudades griegas. A mi juicio en ese lugar, en las ciudades del Asia Menor y en las islas del mar que las bordea, fue dónde se desarrolló la mayor aventura del conocimiento de que se tenga noticia. ¿Qué eventos cósmicos concurrieron para que en ese lugar vivieran y pensaran el mundo los filósofos, científicos y artistas que marcaron para siempre la ruta de la humanidad? Y todo eso lo hicieron, además, sin otros instrumentos que su inteligencia y su obsesión por saber, pensar, entender el universo y elevar a la humanidad. Y nos referimos a Tales, Anaxágoras, Protágoras, Aristarco, Anaximandro, Asclepio, Pitágoras e invictos poetas como Homero (nacido en Esmirna según Heródoto), Safo, Cleómene, y muchos más.
De ese mundo glorioso de los orígenes, mucho más importante que el de los conquistadores, quedan los rastros de un naufragio, de siglos de guerras, conquistas y saqueos destructivos. Algo de ese pasado pudimos observar en nuestro viaje. Pero cabe consignar que el país turco, aposentado sobre ese antiguo y mítico territorio, se encarga de conservar eficientemente lo que resta al cabo de los siglos, es más, existe una especie de orgullo de poder mostrar ese mundo a los visitantes, el orgullo de que se encuentre en su territorio. Claro que se ha montado en torno a ello un gran negocio turístico, que se complementa con las bellas costas del Mediterráneo. Mejor así. Eso asegura su preservación.
Luego de haber visitado la Mezquita Azul, el Cuerno de Oro y el Gran Bazar, entre otros sitios de atractivo para el turista convencional, nuestra recorrida histórica, lo que más nos interesaba, empezó en Ankara, donde se encuentra el Museo de las Civilizaciones, que ya hemos mencionado.

Pasado y presente de Turquía: un bajorrelieve de 3.500 años de antigüedad, perteneciente a la cultura Hitita, que se encuentra entre otras maravillas en el Museo de las Civilizaciones, en Ankara. La siguiente foto es de un ultramoderno y gigantesco edificio del barrio financiero-comercial de Estambul.

Desde Ankara nos dirigimos a Capadocia, de la cual también hemos hablado, donde esperábamos realizar un viaje en globo sobre el famosísimo Valle del Amor, lo que no pudimos cumplir porque una fuerte corriente atmosférica obligó a suspenderlo. No era nada barato, el precio por una ascensión de algo menos de una hora, en una barquilla para veinte personas, era de 200 euros cada uno. Yo no estaba nada convencido, sobre todo porque el prospecto decía que esa pequeña aventura costaba 100 euros, pero mi compañera no era de la misma idea, para ella uno de los propósitos del viaje era hacer ese recorrido en globo, así que gruñendo un poco hube de asentir y echar mano a la faltriquera… La explicación que nos dieron fue que la llegada masiva de chinos había multiplicado el público y el juego de la oferta y la demanda, como siempre, había determinado el nuevo costo. Me salvé de pagar 200 Euros, y luego, en Egipto, hicimos un viaje similar, en este caso sobre el Valle de los Reyes, por la mitad de precio exactamente. El de los globos o “montgolfieras” como las llaman en Turquía por su inventor, el francés Montgolfier, es un negocio redondo que se ha extendido por los países del Oriente próximo.
Existe en toda la zona una gran afluencia de turistas, en un momento de relativa paz, luego que los atentados ocurridos hace aproximadamente una década habían restringido bastante la región como destino turístico. Existen muchos controles, en todos lados. Es imposible entrar a ningún sitio de relevancia histórica o cultural sin pasar por uno o varios escáneres, y hay una presencia permanente de guardias armados. Por otra parte la justicia es muy dura con los terroristas o sospechosos de serlo, me animo a decir que mucho más que en Occidente.

Capadocia, Turquía central.
Este es el Monasterio en las rocas. En estas rocas vivía una comunidad de monjas. Pero había, y hay porque se conservan perfectamente una gran cantidad de monasterios, catedrales, ciudades y simples viviendas cavadas en las rocas. Estas que vemos son sólo una pequeña parte, pero lo más significativo es la Ciudad de las Rocas, una vasta galería subterránea donde se refugiaban miles de cristianos cuando llegaban las periódicas invasiones musulmanas, las que arrasaban con todo. Claro que a veces podían pasar veinte o treinta años entre una y otra invasión. Mientras tanto las comunidades cristianas almacenaban pacientemente trigo y vino, y cuando el peligro era inminente se refugiaban allí, preparados para resistir años, si fuera necesario. El vino se usaba como sucedáneo del agua, ya que los invasores envenenaban las fuentes. Lamentablemente en las catedrales subterráneas, cubiertas por pinturas de estilo bizantino, no es permitido sacar fotos. Debo confesar que a mí me expulsaron ignominiosamente de uno de esos sitios por tratar de burlar la prohibición… Así que nos quedamos sin imágenes.

El valle del Amor. Aquí se filmaron las escenas de La Guerra de las Galaxias. Es interesante hacer un paseo en dromedario entre esas curiosas formaciones, creadas por la erosión.

Los “Karavan Serrallos”
Para la mayoría de los turistas no tienen ningún atractivo, simplemente grandes moles, gigantescos establos para dromedarios y caballos pertenecientes a los mercaderes de paso. También había alojamientos y habitaciones destinadas a la administración y a las tropas que custodiaban las rutas. Siglos de uso dejaron su impronta: ¡juro que todavía se siente el olor de los camellos! Pero estos Karavan Serrallos instalados en el largo camino desde los confines de Asia hasta las fronteras de Europa, cada cuarenta o cincuenta kms, eran al mismo tiempo posadas donde hombres y bestias encontraban reposo, agua y alimentos, y cuarteles, desde donde tropas del sultanato “barrían” el territorio eliminando bandas de delincuentes (era la época de Alí Babá y los Cuarenta Ladrones, el famoso relato de las Mil y Una Noches). Era la forma como se protegía el tránsito de las grandes caravanas (karavan) con estos lugares cerrados (serrallos) que brindaban protección y todo lo necesario para asegurar el comercio entre las distintas regiones del sultanato y también con Europa. La prosperidad del imperio dependía en buena medida de ese comercio. Una concepción del funcionamiento de la economía que como aficionado a la historia me provocó asombro y admiración por lo moderno del concepto. ¡Confieso que estos “Karavan Serrallo” me resultaron más atractivos en su perspectiva histórica que todas las mezquitas y catedrales que conocí en este viaje, que le vamos a hacer!

La parte que más nos interesaba a priori en este viaje, el maravilloso pasado greco latino de la región, lo reservamos para la segunda parte de esta crónica.


















