por Raphael Ficher
Algún día para ti, mi dulce niña,
voy a ser un sueño lejano, un recuerdo borroso.
Voy a ser parte de la antología
de los fantasmas bondadosos
que guardan tu sombra.
Algún día, vas a abrir un libro de Borges, y vas a ver mis letras tratando de entender al Maestro y vas a recordarme. Vas a pensar “es la letra de papá” y en ese instante, voy a nacer de nuevo, saliendo de la ciénaga de tus recuerdos, resucitado en tu corazón de adulta, de esposa, de madre.
Vas a pensar en las noches en que apoyaba mi oreja en tu pecho y sentía el cosquilleo de tu corazoncito, sentía el rumor de tus músculos en franco crecimiento.
Todo era seguro. Tu estabas tan cerca, al alcance y a la protección de mis manos. Mis manos que ahora se disuelven en la fragua del tiempo.
Era fácil espantar tus horrores nocturnos con un beso y con palabras en el borde de tu oreja.
Apoyaba mi voz en la ribera de la noche y le susurraba a tus sueños, todo está bien, hijita. Papi está acá, papi siempre va a estar acá. Dormí tranquila mi dulce Guadalupe- Y ese instante, tus ojos paraban de revolverse bajo el manto de tus párpados y un zumbido tranquilizante volaba desde tu piel con un suspiro de amor.
Ahora estás grande mi hija, y papá es una cara en una foto, un video gracioso, un montón de cd´s que ya ni sabés para que se usan.
Yo estoy invisible, en uno de los rincones de la cocina, esperándote para hacer una tortilla o para amasar contigo un poco de pan. Tu te vas a reír al recordar que salpicaba agua en tus mejillas con mis dedos, y que tus manos todavía torpes, tiraban harina por todo el piso de la cocina.
Yo voy a estar contigo hijita. Voy a ser la voz de Jarabe de Palo en tu memoria cuando todo te parecía bonito. Voy a ser el botón que oprimí en la tele para mostrarte “La historia sin fin” o “El señor de los anillos”, pero no te preocupes mi piquica, también voy a estar cuando en ti renazca el miedo hacia los orcos.
Invisible va a ser papá, pero papá va a estar allí donde te desbarataste de risa, donde te besé la picadura de un cruel mosquito, donde arranqué una flor caduca habitada por un mariquita y de enseñé que la magia existe para quien desea verla. Porque hija, muchos miran, pero no ven.
Algún día, ya no voy a estar, voy a ser ese sueño lejano, ese eco que te leía Mafalda antes de dormir, ese hombre que de la nada te sacaba un bombón Garoto de la oreja, y como ahora, nunca me fui. Sigo en ti por que somos lo mismo, y junto a tus ojos sigo viendo el mundo.




















Fortísimo y buenísimo!!