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Montevideo
lunes 25 mayo, 2026

Simona

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por Wilson Frechero Simona dio dos golpes, al llamador con forma de “manito” de bronce,en la puerta de la acera norte de la calle San Pedro. Esa era la dirección que le habían pasado para...

El altillo

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por Wilson FrecheroUbicada en una pequeña chacra, la casa, más tapera que casa, daba su frente a un camino vecinal.De su fachada, en lo poco que le quedaba de sano, se apreciaba una puerta...

De fútbol y adoquines

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por Wilson FrecheroEl empedrado de mi barrioayudó a definir el estilo de los grandes dribleadores del fútbol uruguayo. Aquellas calles forradasde pequeños paralelepípedos de granito, fueron los mejores sistemas para la generación de los...

Antonio

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por Wilson FrecheroEn un lugar de Castilla, cuyo nombre solo recuerdan algunos, existía un pueblo orgulloso de aquellos obreros que, por su hazaña deportiva, lo habían sacado, al menos por un tiempo, del fatal...

María

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por Wilson Frechero La primera vez que vi a María, me llamó la atención la coherencia de su rostro. El mentón, los pómulos, algo salientes, respondían exactamente a esos ojos definitivamente chicos, pero a su...

Anaqueles

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por Wilson FrecheroQuizás porque mi madre acostumbraba dormirme leyéndome poesías, es que mi relación con las letras siempre tuvo un tinte especial. Recorrer y visitar librerías me producía esa sensación de placer que posiblemente se remontara...

La playa

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por Wilson Frechero …al acercarse a la costa, el suelo se había transformado en algo difícil de caminar. Entre aquellos guijarros redondeados, los pies de aquel joven, así lo sentían. Ante tal dificultad, el grupo entero, siguiendo...

Despedida

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por Wilson Frechero Bajo la lluvia, un hombre con un paraguas se acercó. Se presentó como un amigo de Raúl. Un amigo de la infancia que nunca había dejado de tener contacto con él. Nunca lo había visto.   La...

El timbrazo

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por Wilson Frechero Me desperté con el sonido del teléfono fijo. La torpeza del sobresalto, y el consecuente manotazo, hizo que tirara el tubo al suelo en el intento de atender. Cuando lo incorporé la comunicación ya...

El viaje

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por Wilson Frechero   Las dos mujeres hablaban sin cesar.  Aquello era un murmullo insoportable que a manera de mantra, superaba incluso el propio ruido del motor del ómnibus.   No entendía como mi padre podía conciliar el sueño recostado...